Parte A: ¿Por qué complicar lo elemental?

Serie: Adaptarse o Desaparecer
Por Jairo Hernán Díaz Arias (JHDA)

Llegar al punto B desde A debería ser casi una línea recta, sin embargo, se convierte en una espiral, en un enredo de los procesos, procedimientos y estrategias de comunicación, incluso en la enseñanza y el aprendizaje.

Una noticia puntual se convierte en la opinión sectorizada de un montón de “periodistas expertos” o invitados de la supuesta misma categoría que “saben” de todo: economía, cocina, fútbol, derecho, ingeniería, medicina, pandemias, cuarentenas y vacunas, además son “entrenadores” de futbol y filósofos, etc. Sus medios de comunicación los promocionan como los “sabiondos” que siempre tienen la solución a situaciones relacionadas con esos temas y otros.

Lo mismo sucede cuando se vive en un ambiente de educación, se empieza a escuchar que el autor “X“ dijo que se aprende así, el autor “Y” dice que se aprende de esta otra forma y “Z” ratifica a los dos anteriores y los compila,  agrega otro largo y confuso texto, inundado de palabras rebuscadas para hacerse notar como erudito, para limitar la audiencia de sus “investigaciones” y ofrecer conferencias para los mismos “confusionistas” que le rodean. Aclaración: la palabra “confusionistas” no viene de Confucio, sino de confusos, poco entendibles o floridos.

El resultado, una gran cantidad de supuestas “Investigaciones” académicas que se generan en institutos, universidades y cuantos lugares de formación existen, que poco ayudan a solucionar los reales problemas y situaciones de la sociedad.

Un ejemplo para intentar que entienda bien lo que quiero mostrar: de los 17 objetivos de desarrollo sostenible (ODS): ¿Cuántas investigaciones, foros, eventos y congresos han logrado superar, solucionar o mitigar alguno de esos objetivos? Si usted tiene esa información por favor hágala conocer.

He buscado en bases de datos, repositorios institucionales y otras fuentes, y es cierto, aparecen miles de documentos con todo tipo de teorías sobre los ODS, pero continúan sin solucionar nada; mucha reflexión y opiniones disfrazadas de resultados que no llegan a ningún logro. Puede ser que esté equivocado y no conozca que los objetivos como el fin de la pobreza y hambre cero, están solucionados.

Ojalá esto cambiara y esas investigaciones académicas se concentraran en parte de los 17 objetivos de desarrollo sostenible u otros asuntos que realmente aportaran a la humanidad.

Mientras tanto, seguiremos viendo el negocio de la llamada investigación.

En lo personal no creo que necesitemos tanto texto impreso o digital convertido en libros, artículos, blogs, trabajos de grado e incluso “tesis” que solo sirven para puntos salariales de algunos docentes, o para graduarse en alguna institución. Tampoco creo que falten tantos recursos económicos, lo que sí creo, es que se aprovechan de esa aurora que da la necesidad de investigar, para exigir apoyo, que insisto en algunos casos no es más que dinero y tiempo desperdiciado.

Usted dirá, pero no son todos, existen investigaciones útiles, sí, eso también es real, pero sí de forma gráfica pusiéramos ambas (incluyendo las inútiles) en una balanza, tendríamos un lado que levantaría al otro de una forma tristemente impactante.

La idea de este texto, que espero pueda leer completo, es invitarlo a reflexionar y quizá a crear otras preguntas que nos lleven a simplificar, hacer lo elemental pero importante para concentrar energías, ideas y esfuerzos.

Por ello después de este marco inicial, avanzaremos al entorno educativo, miraremos el proceso de enseñanza – aprendizaje, así como los elementos que intervienen; ánimo, usted no debería ser el mismo después de leerlo y asumir su parte.

Espere: Parte b: ¿Aprender es complicado o puede ser algo fácil?